Creer estrictamente en el significado de palabras como amor o libertad es absurdo. El único sentido de palabras de ese tipo es abrir, por metonimia o metáfora, espacios de sensación que compiten entre ellos por la atención de tu conciencia. Es como elegir los colores con los que pintas tu habitación. Hay un entramado de significación en los signos, que se conectan, como cuando juegas al teléfono. Es así como el ojo se convierte en cojo, en rojo, en flojo, en grajo, en trabajo, en fracaso.
Es así es como trazan los sentidos lineas infinitas de significación que funcionan como el juego del teléfono, todo lo que es rojo, todo lo que es redondo, todo lo que es 12, todo lo que, a priori, me parece similar.
El problema de esto viene cuando se lo intenta nombrar, es el famoso problema inabordable de Wittgenstein. De ahí nace entonces, primero, el animismo -todo lo que me resulta similar tiene una vida propia- luego, la religión -todo lo que me resulta similar esta relacionado de una determinada manera que se corresponde con la organización que nuestra comunidad tiene del cosmos- y más tarde llego ésta gente perspicaz que inventó los arquetipos -esas lineas que venimos trazando de lo que nos resulta similar otorga un sentido colectivo a nuestra forma de relacionarnos con el cosmos-.
Pero ésta afirmación sigue siendo capciosa, porque delimita la estructura de la significación como si fueran los barrotes de una cárcel cuando, en realidad, se parece más a una gota cayendo sobre un plano, las siguientes serán más propensas a elegir el mismo camino, la misma cadena de significación, pero esas lineas no son estrictas, basta con que sople el aire para que el camino se bifurque. Y entonces, el ojo, el cojo, el rojo, el flojo, el grajo, el trabajo y el fracaso pueden convertirse en ojo, cojo, rojo, rozo, gozo, esbozo, esposo. Y, precisamente, a esto es a lo que aquellos que quemó la santa inquisición llamaban magia.
Todo depende de como griten tus demonios en la cámara de pandemonium.
El mundo es un gran campo semántico de cadenas de significación.
Esta afirmación es desde el punto de vista emic.
El mundo, por lo general, no tiene ningún interés por nuestros campos semánticos de cadenas de significación.