viernes, 12 de abril de 2019

Una comparativa entre ideas políticas


Pueblo e individuo
Es curioso ver la fluctuación entre el uso indistinto de soberanía popular e individual en el discurso de Durruti (Paz 1996), una dialéctica que parece contradictoria, a priori, pero que se resuelve si tomamos conciencia de que el sujeto político que propone es uno que se gobierna a si mismo de forma horizontal, donde gobernantes y gobernados son la misma cosa[1] y donde el individuo se da a si mismo su propia capacidad de autogobierno a la vez que queda impedido para ejercer ningún tipo de coerción sobre el resto de los individuos que, constitutivamente, no están sometidos a ningún organismo social ni judicial que respalde dicha coerción[2]. A este respecto es interesante ver como el discurso liberal de Adam Smith (Smith, 1776) y el discurso ácrata de Durruti confluyen, en tanto que dan una importancia fundamental al individuo como parte atómica e indisoluble del sistema que representan. De hecho, parece que podemos ver en el discurso teórico de ambos, en principio, más semejanzas que diferencias.

Anarquismo, Minarquismo y Comunismo
Aun así, una de las principales diferencias no es baladí. Adam Smith, en contraposición a Durruti, sí que apela a un soberano[3] y, por tanto, a una forma de gobierno no horizontal donde se establece algún tipo de forma de coerción y jerarquía. Concretamente en tres casos: proteger la nación, cubrir la injusticia y la represión y sufragar el gasto público.
En los tres casos estamos hablando de mecanismos que se establecen única y exclusivamente para salvaguardar el punto principal de divergencia entre los dos autores. la competencia. Es exactamente a eso a lo que apela Durruti cuando dice “Ningún gobierno en el mundo pelea contra el fascismo hasta suprimirlo. Cuando la burguesía ve que el poder se le escapa de las manos, recurre al fascismo para mantener el poder de sus privilegios”. Afirmando que el origen de la desigualdad no es tanto una cuestión puramente económica, como afirmaría Marx (Marx, 1867), si no el principio mismo del poder, que no responde más que la necesidad de salvaguardar las diferencias que establece ese marco de competencia al que nos referíamos. Clarificando así su discrepancia para con la Unión Soviética. Una discrepancia más profunda de lo que parece ya que, para los comunistas, la desigualdad económica podía regularse bajo el ejercicio del poder. Pero para Durruti –y todos los anarquistas por extensión- es ese mismo ejercicio del poder, que es el fundamento de todo gobierno[1], el que genera ese marco de competencia –y desigualdad- en tanto que sigue promoviendo los privilegios de unos (incluso aunque sean mayoría) frente a otros y su lucha por mantenerlos u obtenerlos. Es interesante ver cómo, implícitamente, Durruti asigna a la burocracia Soviética el papel del nuevo opresor que “sacrificó a los trabajadores alemanes a la barbarie fascista”.


Libertad positiva y libertad negativa
Aunque si en una cosa confluyen Durruti y la Unión Soviética es en afirmar que ésta competencia que Adam Smith defiende, refiere, en último término, a la acumulación de propiedad privada y medios de producción. Motivo por el cual, Durruti, llegará a afirmar que “la Patria es el conjunto de propiedades” (Guillamón n.d.). Aquí tenemos la discrepancia fundamental que atravesará toda la filosofía política de esa época y que se extenderá hasta nuestros días. De la aceptación o no de esa máxima –la acumulación de propiedad privada- depende, in extremis, la diferencia entre libertad positiva y la negativa (Berlin and Rivero 2001).
Isaiah Berlin, años después, aclarará ésta confusión lingüística que ha llevado a los filósofos políticos a defender concepciones radicalmente opuestas a la luz del termino libertad a través de la historia. Mientras Adam Smith defiende una libertad estrictamente negativa, esto es “la ausencia de coacción externa al individuo que desee realizar un curso de acción determinado”(Anon n.d.)[2], Durruti defiende que tal tipo de libertad no es suficiente en tanto que una persona no es libre de hacer algo si su voluntad está impedida desde la base. O lo que es lo mismo, que aunque no haya coacción externa que vulnere su libertad, factualmente, le es imposible ejercerla.[3]


La mano invisible y la mano negra
Durruti argumentaría que, al fin y al cabo, ese “no violar las leyes de la justicia” y esa “mano invisible” son dos Deux Ex machina que se apoyan en un dogma de fe que apela a un je ne sais quoi económico o moral que no parece haber buenas razones para pensar que pueda regular la sociedad (el mecado). Como, de hecho, ha quedado demostrado a lo largo del siglo XX con la ciclicidad de las crisis del capitalismo y la concentración de capital en unas pocas manos. La pregunta que podemos hacernos en defensa de Adam Smith es ¿hubiera sido posible esa armonía que prometía el anarquismo de haber podido sobreponerse a todos los poderes que le hicieron frente? ¿O es imposible pensar que pueda hacerse hueco político una ideología que pretende destruir el principio mismo de la política, el poder?



[1]Estamos decididos a terminar de una vez por todas [con el fascismo], y esto a pesar del Gobierno” -Durruti
[2] “Todo hombre, con tal que no viole las leyes de la justicia, debe quedar perfectamente libre para abrazar el medio que mejor le parezca para buscar su modo de vivir, y sus intereses; y que puedan salir sus producciones a competir con las de cualquier otro individuo de la naturaleza humana (…).” –Adam Smith
[3] Por ejemplo, un individuo puede tener la libertad de comprar una casa, pero no poder hacerlo nunca por no tener dinero para la transacción. Así mismo, un hombre puede tener la libertad (negativa) de volar porque nadie se lo impide pero, a la vez, no tener libertad (positiva) de volar por que no tiene alas.


[1]Nosotros luchamos no por el pueblo sino con el pueblo, es decir, la revolución dentro de la revolución. Nosotros tenemos conciencia de que en esta lucha estamos solos y que no podemos contar más que con nosotros mismos” –Buenaventura Durruti. Todas las citas marcadas únicamente con el nombre del autor refieren a cada uno de sus textos, respectivamente, a no ser que se indique lo contrario.
[2] Comprenderemos mejor esto si nos remitimos a la etimología del vocablo griego del sistema político al que nos referimos elípticamente. Donde “an”- significa ausencia y “arkhé” mandato o gobierno
[3]Según el sistema de la libertad negociante, al soberano sólo quedan tres obligaciones principales a que atender”   –Adam Smith



Bibliografía

Anon. n.d. “Libertad Negativa - Wikipedia, La Enciclopedia Libre.” Retrieved April 11, 2019 (https://es.wikipedia.org/wiki/Libertad_negativa).
Berlin, Isaiah and Ángel Rivero. 2001. Dos Conceptos de Libertad ; El Fin Justifica Los Medios ; Mi Trayectoria Intelectual. Madrid : Alianza Editorial.
Guillamón, Agustín. n.d. Carta de Durruti Desde La Cárcel (1933).
Marx, Karl, 1818-1883. 1959. El Capital : Crítica de La Economía Política / Carlos Marx. México : Fondo de Cultura Económica,.
Paz, Abel. 1996. Durruti En La Revolución Española. Madrid : Fundación de Estudios Libertarios Anselmo Lorenzo.
Smith, Adam. 1996. La Riqueza de Las Naciones. Barcelona : Ediciones Folio.





Durruti en la revolución española, Abel Paz. Editorial La esfera de los libros

Entrevista del periodista Van Passen en Barcelona el 24 de julio de 1936

“Todos los trabajadores de España saben que si triunfa el fascismo vendrá el hambre y la esclavitud. Pero los fascistas también saben la que les espera si pierden (…) Estamos decididos a terminar de una vez por todas [con el fascismo], y esto a pesar del Gobierno”, afirmó Durruti. “¿Por qué dice usted a pesar del Gobierno? ¿Acaso no está este Gobierno luchando contra la rebelión fascista?” le preguntó, un tanto sorprendido el periodista. La respuesta de Durruti sintetiza una visión de la revolución y una posición frente al Gobierno opuesta por el vértice a la que apenas unos meses después llevaría a los García Oliver y compañía a entrar en el Gobierno: “Ningún gobierno en el mundo pelea contra el fascismo hasta suprimirlo. Cuando la burguesía ve que el poder se le escapa de las manos, recurre al fascismo para mantener el poder de sus privilegios. Y esto es lo que ocurre en España. Si el gobierno republicano hubiera deseado terminar con los elementos fascistas, hace ya mucho tiempo que hubiera podido hacerlo. Y en lugar de eso, temporizó, transigió y malgastó su tiempo buscando compromisos y acuerdos con ellos. Aún en este momento, hay miembros del gobierno que desean tomar medidas muy moderadas contra los fascistas”. Y Durruti sentenció: “Quién sabe si aún el Gobierno espera utilizar las fuerzas rebeldes para aplastar el movimiento revolucionario desencadenado por los obreros”.

El periodista prosigue: “Largo Caballero e Indalecio Prieto han afirmado que la misión del Frente Popular es salvar la República y restaurar el orden burgués. Y usted, Durruti, me dice que el pueblo quiere llevar la revolución lo más lejos posible ¿cómo interpretar esta contradicción?” “El antagonismo es evidente –dice Durruti- Como demócratas pequeño burgueses, estos señores no pueden tener otras ideas que las que profesan. Pero el pueblo, la clase obrera, está cansada de que le engañen. Nosotros luchamos no por el pueblo sino con el pueblo, es decir, la revolución dentro de la revolución. Nosotros tenemos conciencia de que en esta lucha estamos solos y que no podemos contar más que con nosotros mismos. Para nosotros no quiere decir nada que exista una Unión Soviética en una parte del mundo, porque sabíamos de antemano cuál era su actitud en relación a nuestra revolución. Para la Unión soviética lo único que cuenta es su tranquilidad. Para gozar de esa tranquilidad Stalin sacrificó a los trabajadores alemanes a la barbarie fascista. Antes fueron los obreros chinos que resultaron víctimas de este abandono…”

–“Siempre hemos vivido en la miseria, y nos acomodaremos a ella por algún tiempo. Pero no olvide que los obreros son los únicos productores de riqueza. Somos nosotros, los obreros, los que hacemos marchar las máquinas en las industrias, los que extraemos el carbón y los minerales de las minas, los que construimos ciudades... ¿Por qué no vamos, pues, a construir y aún en mejores condiciones para reemplazar lo destruido? Las ruinas no nos dan miedo. Sabemos que no vamos a heredar nada más que ruinas, porque la burguesía tratará de arruinar el mundo en la última fase de su historia. Pero –le repito– a nosotros no nos dan miedo las ruinas, porque llevamos un mundo nuevo en nuestros corazones”. Y luego agregó: “Ese mundo está creciendo en este instante”.



Adam Smith. La riqueza de las naciones. 1776.

“Todo hombre, con tal que no viole las leyes de la justicia, debe quedar perfectamente libre para abrazar el medio que mejor le parezca para buscar su modo de vivir, y sus intereses; y que puedan salir sus producciones a competir con las de cualquier otro individuo de la naturaleza humana (…).
Según el sistema de la libertad negociante, al soberano sólo quedan tres obligaciones principales a que atender: la primera, proteger a  la sociedad de la violencia e invasión de otras sociedades independientes; la segunda, el poner en lo posible a cubierto de la injusticia y opresión de un miembro de la república a otro que lo sea también de la misma (…); y la tercera, la de mantener y erigir ciertas obras y establecimientos públicos, a que nunca pueden alcanzar, ni acomodarse los intereses de los particulares, o de pocos individuos, sino los de toda la sociedad en común: por razón de que aunque sus utilidades recompensen con abundancia los gastos al cuerpo general de la nación, nunca recompensarían si los hiciese un particular.” (…)
“Cada individuo en particular pone todo su cuidado en buscar el medio más oportuno de emplear con mayor ventaja el capital de que puede disponer. Lo que desde luego se propone es su propio interés, no el de la sociedad en común; pero esos mismos esfuerzos hacia su propia ventaja le inclinan a preferir, sin premeditación suya, el empleo más útil a la sociedad como tal. (...)
Ninguno por lo general se propone primariamente promover el interés público, y acaso ni aún conoce cómo lo fomenta cuando no lo piensa fomentar. Cando prefiere la industria doméstica a la extranjera sólo medita su propia seguridad; y cuando dirige la primera de modo que su producto sea del mayor valor que pueda, sólo piensa en su ganancia propia; pero en éste y en otros muchos casos es conducido como por una mano invisible a promover un fin que nunca tuvo parte en su intención.”