Pueblo e individuo
Es curioso ver la fluctuación entre el uso indistinto de soberanía popular
e individual en el discurso de Durruti (Paz 1996), una dialéctica que parece contradictoria, a
priori, pero que se resuelve si tomamos conciencia de que el sujeto político
que propone es uno que se gobierna a si mismo de forma horizontal, donde
gobernantes y gobernados son la misma cosa[1] y donde
el individuo se da a si mismo su propia capacidad de autogobierno a la vez que
queda impedido para ejercer ningún tipo de coerción sobre el resto de los
individuos que, constitutivamente, no están sometidos a ningún organismo social
ni judicial que respalde dicha coerción[2]. A este
respecto es interesante ver como el discurso liberal de Adam Smith (Smith, 1776) y el discurso ácrata de Durruti confluyen, en
tanto que dan una importancia fundamental al individuo como parte atómica e
indisoluble del sistema que representan. De hecho, parece que podemos ver en el
discurso teórico de ambos, en principio, más semejanzas que diferencias.
Anarquismo, Minarquismo y Comunismo
Aun así, una de las principales diferencias no es baladí. Adam Smith, en
contraposición a Durruti, sí que apela a un soberano[3] y, por
tanto, a una forma de gobierno no horizontal donde se establece algún tipo de
forma de coerción y jerarquía. Concretamente en tres casos: proteger la nación,
cubrir la injusticia y la represión y sufragar el gasto público.
En los
tres casos estamos hablando de mecanismos que se establecen única y
exclusivamente para salvaguardar el punto principal de divergencia entre los
dos autores. la competencia. Es exactamente a eso a lo que apela Durruti
cuando dice “Ningún gobierno en el mundo pelea contra el fascismo hasta
suprimirlo. Cuando la burguesía ve que el poder se le escapa de las manos,
recurre al fascismo para mantener el poder de sus privilegios”. Afirmando
que el origen de la desigualdad no es tanto una cuestión puramente económica,
como afirmaría Marx (Marx, 1867), si
no el principio mismo del poder, que no responde más que la necesidad de
salvaguardar las diferencias que establece ese marco de competencia al que nos
referíamos. Clarificando así su discrepancia para con la Unión Soviética.
Una discrepancia más profunda de lo que parece ya que, para los comunistas, la
desigualdad económica podía regularse bajo el ejercicio del poder. Pero para
Durruti –y todos los anarquistas por extensión- es ese mismo ejercicio del poder, que es el fundamento de todo gobierno[1], el que
genera ese marco de competencia –y desigualdad- en tanto que sigue promoviendo los
privilegios de unos (incluso aunque sean mayoría) frente a otros y su lucha por
mantenerlos u obtenerlos. Es interesante ver cómo, implícitamente, Durruti asigna
a la burocracia Soviética el papel del nuevo opresor que “sacrificó a los
trabajadores alemanes a la barbarie fascista”.
Libertad positiva y libertad negativa
Aunque si en una cosa confluyen Durruti y la Unión Soviética es en
afirmar que ésta competencia que Adam Smith defiende, refiere, en último
término, a la acumulación de propiedad privada y medios de producción. Motivo
por el cual, Durruti, llegará a afirmar que “la Patria es el conjunto de
propiedades” (Guillamón
n.d.). Aquí tenemos la discrepancia fundamental que atravesará toda la filosofía
política de esa época y que se extenderá hasta nuestros días. De la aceptación
o no de esa máxima –la acumulación de propiedad privada- depende, in
extremis, la diferencia entre libertad positiva y la negativa (Berlin and Rivero 2001).
Isaiah Berlin, años después, aclarará ésta confusión lingüística que ha
llevado a los filósofos políticos a defender concepciones radicalmente opuestas
a la luz del termino libertad a través de la historia. Mientras Adam
Smith defiende una libertad estrictamente negativa, esto es “la ausencia de
coacción externa al individuo que desee realizar un curso de acción determinado”(Anon
n.d.)[2],
Durruti defiende que tal tipo de libertad no
es suficiente en tanto que una persona no es libre de hacer algo si su voluntad
está impedida desde la base. O lo que es lo mismo, que aunque no haya coacción
externa que vulnere su libertad, factualmente, le es imposible ejercerla.[3]
La mano invisible y la mano negra
Durruti argumentaría que, al fin y al cabo, ese “no violar las leyes de
la justicia” y esa “mano invisible” son dos Deux Ex machina
que se apoyan en un dogma de fe que apela a un je ne sais quoi económico
o moral que no parece haber buenas razones para pensar que pueda regular la
sociedad (el mecado). Como, de hecho, ha quedado demostrado a lo largo del
siglo XX con la ciclicidad de las crisis del capitalismo y la concentración de
capital en unas pocas manos. La pregunta que podemos hacernos en defensa de
Adam Smith es ¿hubiera sido posible esa armonía que prometía el anarquismo de
haber podido sobreponerse a todos los poderes que le hicieron frente? ¿O
es imposible pensar que pueda hacerse hueco político una ideología que pretende
destruir el principio mismo de la política, el poder?
[1] “Estamos decididos a terminar de una vez por todas [con el
fascismo], y esto a pesar del Gobierno” -Durruti
[2] “Todo hombre, con tal que no
viole las leyes de la justicia, debe quedar perfectamente libre para abrazar el
medio que mejor le parezca para buscar su modo de vivir, y sus intereses; y que
puedan salir sus producciones a competir con las de cualquier otro individuo de
la naturaleza humana (…).” –Adam Smith
[3] Por ejemplo, un individuo puede
tener la libertad de comprar una casa, pero no poder hacerlo nunca por no tener
dinero para la transacción. Así mismo, un hombre puede tener la libertad
(negativa) de volar porque nadie se lo impide pero, a la vez, no tener libertad
(positiva) de volar por que no tiene alas.
[1] “Nosotros luchamos no por el pueblo sino con el pueblo, es
decir, la revolución dentro de la revolución. Nosotros tenemos conciencia de
que en esta lucha estamos solos y que no podemos contar más que con nosotros
mismos” –Buenaventura
Durruti. Todas las citas marcadas únicamente con el nombre del autor refieren a
cada uno de sus textos, respectivamente, a no ser que se indique lo contrario.
[2] Comprenderemos mejor esto si nos
remitimos a la etimología del vocablo griego del sistema político al que nos
referimos elípticamente. Donde “an”- significa ausencia y “arkhé”
mandato o gobierno
[3] “Según el sistema de la libertad negociante, al soberano
sólo quedan tres obligaciones principales a que atender” –Adam Smith
Bibliografía
Anon. n.d. “Libertad Negativa - Wikipedia, La Enciclopedia
Libre.” Retrieved April 11, 2019
(https://es.wikipedia.org/wiki/Libertad_negativa).
Berlin, Isaiah and Ángel Rivero. 2001. Dos Conceptos de
Libertad ; El Fin Justifica Los Medios ; Mi Trayectoria Intelectual.
Madrid : Alianza Editorial.
Guillamón, Agustín. n.d. Carta de Durruti Desde La Cárcel
(1933).
Marx, Karl, 1818-1883. 1959. El Capital : Crítica de La
Economía Política / Carlos Marx. México : Fondo de Cultura Económica,.
Paz, Abel. 1996. Durruti En La Revolución Española.
Madrid : Fundación de Estudios Libertarios Anselmo Lorenzo.
Smith, Adam. 1996. La Riqueza de Las Naciones.
Barcelona : Ediciones Folio.
Durruti en la revolución española, Abel Paz. Editorial La esfera de los
libros
Entrevista
del periodista Van Passen en Barcelona el 24 de julio de 1936
“Todos los trabajadores de España saben que si triunfa el fascismo vendrá
el hambre y la esclavitud. Pero los fascistas también saben la que les espera
si pierden (…) Estamos decididos a terminar de una vez por todas [con el
fascismo], y esto a pesar del Gobierno”, afirmó Durruti. “¿Por qué dice usted a pesar del Gobierno? ¿Acaso no
está este Gobierno luchando contra la rebelión fascista?” le preguntó, un
tanto sorprendido el periodista. La respuesta de Durruti sintetiza una visión
de la revolución y una posición frente al Gobierno opuesta por el vértice a la
que apenas unos meses después llevaría a los García Oliver y compañía a entrar
en el Gobierno: “Ningún gobierno en el mundo pelea contra el fascismo hasta
suprimirlo. Cuando la burguesía ve que el poder se le escapa de las manos,
recurre al fascismo para mantener el poder de sus privilegios. Y esto es lo que
ocurre en España. Si el gobierno republicano hubiera deseado terminar con los
elementos fascistas, hace ya mucho tiempo que hubiera podido hacerlo. Y en
lugar de eso, temporizó, transigió y malgastó su tiempo buscando compromisos y
acuerdos con ellos. Aún en este momento, hay miembros del gobierno que desean
tomar medidas muy moderadas contra los fascistas”. Y Durruti sentenció: “Quién
sabe si aún el Gobierno espera utilizar las fuerzas rebeldes para aplastar el
movimiento revolucionario desencadenado por los obreros”.
El periodista prosigue: “Largo Caballero e Indalecio Prieto han afirmado
que la misión del Frente Popular es salvar la República y restaurar el orden
burgués. Y usted, Durruti, me dice que el pueblo quiere llevar la revolución lo
más lejos posible ¿cómo interpretar esta contradicción?” “El antagonismo es
evidente –dice Durruti- Como demócratas pequeño burgueses, estos señores
no pueden tener otras ideas que las que profesan. Pero el pueblo, la clase
obrera, está cansada de que le engañen. Nosotros luchamos no por el pueblo sino
con el pueblo, es decir, la revolución dentro de la revolución. Nosotros
tenemos conciencia de que en esta lucha estamos solos y que no podemos contar
más que con nosotros mismos. Para nosotros no quiere decir nada que exista una
Unión Soviética en una parte del mundo, porque sabíamos de antemano cuál era su
actitud en relación a nuestra revolución. Para la Unión soviética lo único que
cuenta es su tranquilidad. Para gozar de esa tranquilidad Stalin sacrificó a
los trabajadores alemanes a la barbarie fascista. Antes fueron los obreros
chinos que resultaron víctimas de este abandono…”
–“Siempre hemos vivido en la miseria, y nos acomodaremos a ella por algún
tiempo. Pero no olvide que los obreros son los únicos productores de riqueza.
Somos nosotros, los obreros, los que hacemos marchar las máquinas en las
industrias, los que extraemos el carbón y los minerales de las minas, los que
construimos ciudades... ¿Por qué no vamos, pues, a construir y aún en mejores
condiciones para reemplazar lo destruido? Las ruinas no nos dan miedo. Sabemos
que no vamos a heredar nada más que ruinas, porque la burguesía tratará de
arruinar el mundo en la última fase de su historia. Pero –le repito– a nosotros
no nos dan miedo las ruinas, porque llevamos un mundo nuevo en nuestros
corazones”. Y luego agregó: “Ese mundo está creciendo en este instante”.
Adam Smith. La riqueza de las naciones. 1776.
“Todo hombre, con tal que no viole las leyes de la justicia, debe quedar
perfectamente libre para abrazar el medio que mejor le parezca para buscar su
modo de vivir, y sus intereses; y que puedan salir sus producciones a competir
con las de cualquier otro individuo de la naturaleza humana (…).
Según el sistema de la libertad negociante, al soberano sólo quedan tres
obligaciones principales a que atender: la primera, proteger a la sociedad de la violencia e invasión de
otras sociedades independientes; la segunda, el poner en lo posible a cubierto
de la injusticia y opresión de un miembro de la república a otro que lo sea
también de la misma (…); y la tercera, la de mantener y erigir ciertas obras y
establecimientos públicos, a que nunca pueden alcanzar, ni acomodarse los
intereses de los particulares, o de pocos individuos, sino los de toda la
sociedad en común: por razón de que aunque sus utilidades recompensen con
abundancia los gastos al cuerpo general de la nación, nunca recompensarían si
los hiciese un particular.” (…)
“Cada individuo en particular pone todo su cuidado en buscar el medio más
oportuno de emplear con mayor ventaja el capital de que puede disponer. Lo que
desde luego se propone es su propio interés, no el de la sociedad en común;
pero esos mismos esfuerzos hacia su propia ventaja le inclinan a preferir, sin
premeditación suya, el empleo más útil a la sociedad como tal. (...)
Ninguno por lo general se propone primariamente promover el interés
público, y acaso ni aún conoce cómo lo fomenta cuando no lo piensa fomentar.
Cando prefiere la industria doméstica a la extranjera sólo medita su propia
seguridad; y cuando dirige la primera de modo que su producto sea del mayor
valor que pueda, sólo piensa en su ganancia propia; pero en éste y en otros
muchos casos es conducido como por una mano invisible a promover un fin que
nunca tuvo parte en su intención.”
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