3 puñaladas y el interior se derrama.
Como un bolsillo al revés que,
aunque vuelto hacia afuera,
sigue conteniendo un núcleo íntimo.
Un anti-espacio invisible dentro de su propia piel.
Y las lágrimas que caen de la herida
nunca vuelven a su sitio,
porque lo que de un lado cae,
por el otro ya ha ascendido.
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