Leviatán abrió sus brazos
como puertas infinitas, de par en par
que conocen todos los temores que destilas cuando duermes,
todas las salidas que están ahí, y no comprendes.
Leviatán abrió sus brazos pero no pudo abrazarte
ni siquiera veía a alguien tan insignificante
a alguien sordo,
a su propio lamento
a alguien perdido,
de puertas adentro.
Leviatán abrió sus puertas
porque siempre están abiertas
porque dibujan la magnitud y la altura del mundo
un mundo que es tuyo,
de puertas adentro.
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